{"id":249127,"date":"2018-05-14T00:00:00","date_gmt":"2018-05-14T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecuadortimes.net\/es\/el-psicologo-que-ofrece-consultas-en-la-buseta\/"},"modified":"2018-05-14T00:00:00","modified_gmt":"2018-05-14T00:00:00","slug":"el-psicologo-que-ofrece-consultas-en-la-buseta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecuadortimes.net\/es\/el-psicologo-que-ofrece-consultas-en-la-buseta\/","title":{"rendered":"El psic\u00f3logo que ofrece consultas en la buseta"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-195957 aligncenter\" src=\"https:\/\/www.ecuadortimes.net\/es\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/El-psico\u00cc\u0081logo-que-ofrece-consultas-en-la-buseta_ecuadortimes_ecuadornews_12.jpg\" alt=\"\" width=\"762\" height=\"428\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00c3\u0089l es\u00a0<b>psic\u00f3logo<\/b>. Obtuvo ese t\u00edtulo a los 24 a\u00f1os y de all\u00ed su carrera solo era de \u00e9xito. Once libros publicados, diversos e importantes cargos en el\u00a0<b>\u00e1rea de la educaci\u00f3n<\/b>, como la direcci\u00f3n de posgrado de la\u00a0<b>Universidad de Carabobo<\/b>\u00a0y seis apartamentos que le permit\u00edan vivir c\u00f3modamente. Hasta hace unos a\u00f1os Miguel Acosta era un adulto mayor que cre\u00eda que despu\u00e9s de cuatro d\u00e9cadas como catedr\u00e1tico no volver\u00eda a trabajar en su vida. Sin embargo, se equivoc\u00f3. Ahora es un\u00a0<b>migrante venezolano<\/b>\u00a0que vende galletas. En su mejor \u00e9poca ganaba $ 5.000 mensuales, pero la crisis del vecino pa\u00eds provoc\u00f3 no solo que pierda 20 kilos de peso, sino tambi\u00e9n que su jubilaci\u00f3n no pase de $ 7 al mes.<\/p>\n<p>Curiosamente esa era la misma cantidad que ganaba en\u00a0<b>Ecuador<\/b>\u00a0en un solo d\u00eda. Pero esta cifra aument\u00f3 poco a poco desde el d\u00eda que se coloc\u00f3 un letrero en el pecho en el que ofertaba sus servicios de psic\u00f3logo a cambio de un interesante valor: $ 6 + bus\u009d.<\/p>\n<p>Pero esta historia inicia antes, tal vez aquel d\u00eda en que abrumado por el hambre decidi\u00f3 emigrar. Reuni\u00f3 los $ 125 por persona que costaba el pasaje y tras varios d\u00edas de inc\u00f3modo viaje en carro lleg\u00f3 a Guayaquil con su esposa y su hija de seis a\u00f1os, dejando a los otros en\u00a0<b>Venezuela.<\/b><\/p>\n<div>\n<p>Confiado en que su amplia experiencia iba a ser de utilidad acudi\u00f3 a autoridades universitarias. Despu\u00e9s de todo, durante la crisis ecuatoriana ayud\u00f3 a varios de nuestros compatriotas que viajaron hasta Venezuela a encontrar trabajo en las universidades de aquel pa\u00eds. Pero seiscientos curr\u00edculums imprimi\u00f3 y entreg\u00f3, sin que una llamada siquiera pidiendo una entrevista llegase. Fue un colega quien le explic\u00f3 la raz\u00f3n. Seg\u00fan \u00e9l, hab\u00eda llegado al pa\u00eds muy avanzado de edad.<\/p>\n<p>El mismo d\u00eda me fui a Bah\u00eda. Hice como los ratoncitos y dije \u0098se acab\u00f3 el queso aqu\u00ed, entonces para all\u00e1\u0099. Me compr\u00e9 una bolsa de 20 galleticas y las vend\u00ed todas en el primer bus\u009d.<\/p>\n<p>Sin embargo, la idea de la consulta psicol\u00f3gica sobre ruedas comenz\u00f3 despu\u00e9s, espec\u00edficamente hace mes y medio. Atreverse a hacerlo le signific\u00f3 el rechazo de muchos compa\u00f1eros que lo se\u00f1alaban por putear a la profesi\u00f3n\u009d, pero la necesidad de alimentar a su familia fue m\u00e1s fuerte.<\/p>\n<p>Los buses que toma no los escoge al azar, pues incluso ha evaluado los horarios y las l\u00edneas que le son m\u00e1s rentables. Despu\u00e9s de un<b>\u00a0\u0098estudio\u0099 vivencial<\/b>\u00a0y sin recursos concluy\u00f3 que son ocho las l\u00edneas que le son \u00fatiles. A cada transporte que se sube le paga 15 centavos. Sabe que sin ese pago es dif\u00edcil que la pr\u00f3xima vez el chofer le pare. Adem\u00e1s, lo hace para evitar que por la velocidad del conductor al salir se caiga. Cuatro veces le ha pasado ya.<\/p>\n<p>Su exposici\u00f3n frente a los pasajeros tampoco es improvisada. Y es que adem\u00e1s de las galletas, brinda una charla sobre diversos problemas. Las tem\u00e1ticas son preparadas con anterioridad; por ejemplo, ayer habl\u00f3 de la depresi\u00f3n y el lunes tratar\u00e1 sobre la droga \u0098H\u0099.<\/p>\n<p>En ellas aconseja a los usuarios sobre lo importante de escuchar y amar a los hijos. La charla contin\u00faa mientras una se\u00f1ora, la que est\u00e1 sentada en el \u00faltimo asiento, toma la iniciativa. A pesar de que un peque\u00f1o bolso cruzado obstaculiza su movimiento, abraza a su hijo y le dice Aunque no te gusten los besos, yo te quiero\u009d. El peque\u00f1o de ojos color miel intenta zafarse, pero la madre insiste. Luego de dos intentos, \u00e9l cede y responde con un Te quiero, mam\u00e1\u009d.<\/p>\n<p>Aunque Miguel Acosta viste con sencillas camisetas y zapatos deportivos, su gran sabidur\u00eda se nota en cada charla. Las acompa\u00f1a de cifras como el n\u00famero de<b>migrantes ecuatorianos<\/b>\u00a0o los destinos que tomaron.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n evoca momentos o frases de la historia, como fragmentos de las cartas de amor que intercambiaba el libertador venezolano<b>\u00a0Sim\u00f3n Bol\u00edvar<\/b>\u00a0con la ecuatoriana Manuelita S\u00e1enz, para demostrar los lazos que ambas naciones han mantenido.<\/p>\n<p>Terminados los 15 minutos que dura en promedio cada una de sus charlas, entrega las galletas. La frase Deje nom\u00e1s\u009d acompa\u00f1ada de una moneda es la escena que m\u00e1s se repite.<\/p>\n<p>Y antes de bajarse del bus promociona sus servicios. Algunos, con recelo, anotan el n\u00famero en alguna libreta; mientras que otros pierden la verg\u00fcenza y le toman una foto a su letrero. Se baja, camina hasta la parada de retorno, busca los 15 centavos y la rutina se repite.<\/p>\n<p>Al final del d\u00eda y de alguna consulta que consigui\u00f3, este venezolano guarda en su maleta el dinero obtenido junto a la esperanza de reunir lo suficiente para que el resto de sus hijos puedan venir a\u00a0<b>Ecuador.<\/b> (I)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Fuente: <\/strong><a href=\"http:\/\/www.expreso.ec\/guayaquil\/el-psicologo-que-ofrece-consultas-en-la-buseta-ED2173035\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">http:\/\/www.expreso.ec\/guayaquil\/el-psicologo-que-ofrece-consultas-en-la-buseta-ED2173035<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; \u00c3\u0089l es\u00a0psic\u00f3logo. Obtuvo ese t\u00edtulo a los 24 a\u00f1os y de all\u00ed su carrera solo era de \u00e9xito. Once libros publicados, diversos e importantes cargos en el\u00a0\u00e1rea de la educaci\u00f3n, como la direcci\u00f3n de posgrado de la\u00a0Universidad de Carabobo\u00a0y seis apartamentos que le permit\u00edan vivir c\u00f3modamente. Hasta hace unos a\u00f1os Miguel Acosta era un adulto mayor que cre\u00eda que despu\u00e9s de cuatro d\u00e9cadas como catedr\u00e1tico no volver\u00eda a trabajar en su vida. Sin embargo, se equivoc\u00f3. Ahora es un\u00a0migrante venezolano\u00a0que vende galletas. En su mejor \u00e9poca ganaba $ 5.000 mensuales, pero la crisis del vecino pa\u00eds provoc\u00f3 no solo que pierda 20 kilos de peso, sino tambi\u00e9n que su jubilaci\u00f3n no pase de $ 7 al mes. Curiosamente esa era la misma cantidad que ganaba en\u00a0Ecuador\u00a0en un solo d\u00eda. Pero esta cifra aument\u00f3 poco a poco desde el d\u00eda que se coloc\u00f3 un letrero en el pecho en el que ofertaba sus servicios de psic\u00f3logo a cambio de un interesante valor: $ 6 + bus\u009d. Pero esta historia inicia antes, tal vez aquel d\u00eda en que abrumado por el hambre decidi\u00f3 emigrar. Reuni\u00f3 los $ 125 por persona que costaba el pasaje y tras varios d\u00edas de inc\u00f3modo viaje en carro lleg\u00f3 a Guayaquil con su esposa y su hija de seis a\u00f1os, dejando a los otros en\u00a0Venezuela. Confiado en que su amplia experiencia iba a ser de utilidad acudi\u00f3 a autoridades universitarias. Despu\u00e9s de todo, durante la crisis ecuatoriana ayud\u00f3 a varios de nuestros compatriotas que viajaron hasta Venezuela a encontrar trabajo en las universidades de aquel pa\u00eds. Pero seiscientos curr\u00edculums imprimi\u00f3 y entreg\u00f3, sin que una llamada siquiera pidiendo una entrevista llegase. Fue un colega quien le explic\u00f3 la raz\u00f3n. Seg\u00fan \u00e9l, hab\u00eda llegado al pa\u00eds muy avanzado de edad. El mismo d\u00eda me fui a Bah\u00eda. Hice como los ratoncitos y dije \u0098se acab\u00f3 el queso aqu\u00ed, entonces para all\u00e1\u0099. Me compr\u00e9 una bolsa de 20 galleticas y las vend\u00ed todas en el primer bus\u009d. Sin embargo, la idea de la consulta psicol\u00f3gica sobre ruedas comenz\u00f3 despu\u00e9s, espec\u00edficamente hace mes y medio. Atreverse a hacerlo le signific\u00f3 el rechazo de muchos compa\u00f1eros que lo se\u00f1alaban por putear a la profesi\u00f3n\u009d, pero la necesidad de alimentar a su familia fue m\u00e1s fuerte. Los buses que toma no los escoge al azar, pues incluso ha evaluado los horarios y las l\u00edneas que le son m\u00e1s rentables. Despu\u00e9s de un\u00a0\u0098estudio\u0099 vivencial\u00a0y sin recursos concluy\u00f3 que son ocho las l\u00edneas que le son \u00fatiles. A cada transporte que se sube le paga 15 centavos. Sabe que sin ese pago es dif\u00edcil que la pr\u00f3xima vez el chofer le pare. Adem\u00e1s, lo hace para evitar que por la velocidad del conductor al salir se caiga. Cuatro veces le ha pasado ya. Su exposici\u00f3n frente a los pasajeros tampoco es improvisada. Y es que adem\u00e1s de las galletas, brinda una charla sobre diversos problemas. Las tem\u00e1ticas son preparadas con anterioridad; por ejemplo, ayer habl\u00f3 de la depresi\u00f3n y el lunes tratar\u00e1 sobre la droga \u0098H\u0099. En ellas aconseja a los usuarios sobre lo importante de escuchar y amar a los hijos. La charla contin\u00faa mientras una se\u00f1ora, la que est\u00e1 sentada en el \u00faltimo asiento, toma la iniciativa. A pesar de que un peque\u00f1o bolso cruzado obstaculiza su movimiento, abraza a su hijo y le dice Aunque no te gusten los besos, yo te quiero\u009d. El peque\u00f1o de ojos color miel intenta zafarse, pero la madre insiste. Luego de dos intentos, \u00e9l cede y responde con un Te quiero, mam\u00e1\u009d. Aunque Miguel Acosta viste con sencillas camisetas y zapatos deportivos, su gran sabidur\u00eda se nota en cada charla. Las acompa\u00f1a de cifras como el n\u00famero demigrantes ecuatorianos\u00a0o los destinos que tomaron. Tambi\u00e9n evoca momentos o frases de la historia, como fragmentos de las cartas de amor que intercambiaba el libertador venezolano\u00a0Sim\u00f3n Bol\u00edvar\u00a0con la ecuatoriana Manuelita S\u00e1enz, para demostrar los lazos que ambas naciones han mantenido. Terminados los 15 minutos que dura en promedio cada una de sus charlas, entrega las galletas. La frase Deje nom\u00e1s\u009d acompa\u00f1ada de una moneda es la escena que m\u00e1s se repite. Y antes de bajarse del bus promociona sus servicios. Algunos, con recelo, anotan el n\u00famero en alguna libreta; mientras que otros pierden la verg\u00fcenza y le toman una foto a su letrero. Se baja, camina hasta la parada de retorno, busca los 15 centavos y la rutina se repite. Al final del d\u00eda y de alguna consulta que consigui\u00f3, este venezolano guarda en su maleta el dinero obtenido junto a la esperanza de reunir lo suficiente para que el resto de sus hijos puedan venir a\u00a0Ecuador. (I) &nbsp; &nbsp; Fuente: http:\/\/www.expreso.ec\/guayaquil\/el-psicologo-que-ofrece-consultas-en-la-buseta-ED2173035<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":249128,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[54,32,35,46],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecuadortimes.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/249127"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecuadortimes.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecuadortimes.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecuadortimes.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecuadortimes.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=249127"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.ecuadortimes.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/249127\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecuadortimes.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/249128"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecuadortimes.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=249127"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecuadortimes.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=249127"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecuadortimes.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=249127"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}