{"id":250611,"date":"2018-08-20T00:00:00","date_gmt":"2018-08-20T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecuadortimes.net\/es\/otra-venezuela-en-la-frontera\/"},"modified":"2018-08-20T00:00:00","modified_gmt":"2018-08-20T00:00:00","slug":"otra-venezuela-en-la-frontera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecuadortimes.net\/es\/otra-venezuela-en-la-frontera\/","title":{"rendered":"Otra Venezuela en la frontera"},"content":{"rendered":"<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.ecuadortimes.net\/es\/wp-content\/uploads\/2018\/08\/Otra-Venezuela-en-la-frontera_ecuadortimes_ecuadornews_3.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-198616\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mira el billete como un escultor frente a una pieza de yeso nueva. Empieza. Uno, dos&#8230; diez dobleces. Un conito del tama\u00f1o de un pulgar est\u00e1 listo. Toma otro billete y otro&#8230; y as\u00ed hasta tener cinco puntas armadas. La estrella, casi completa. A sus pies, una enorme maleta negra abierta muestra en sus entra\u00f1as una\u00a0<strong>colecci\u00f3n de bol\u00edvares<\/strong>. Cien, dos mil&#8230; da igual. All\u00ed hay menos de un d\u00f3lar\u009d, habla al fin.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s all\u00e1 hay un cart\u00f3n de medio metro que suplica en letras negras: Soy de Venezuela, colab\u00f3rame\u009d. El origami es un arte que consiste en el plegado del papel para obtener figuras; pero en el parque central de Huaquillas es la \u00fanica esperanza de Enger Medina para llevarse algo al est\u00f3mago. Tiene brazos tatuados y una gorra de la bandera de su pa\u00eds, ojos pardos, piel reseca y cuatro a\u00f1os en la c\u00e1rcel, reci\u00e9n vividos, que le dejan huellas en el rostro a sus escasos 23.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Antes de hacer origami con bol\u00edvares, fue ladr\u00f3n y secuestrador; pero esa vida qued\u00f3 en M\u00e9rida. All\u00e1 donde est\u00e1n su hija de a\u00f1o y medio y su promesa de cambiar para bien y hacer resurgir el hogar. Se hubiera quedado, pero ser alba\u00f1il, la nueva faceta que eligi\u00f3 despu\u00e9s de la prisi\u00f3n, no es negocio en un pa\u00eds en donde un sueldo b\u00e1sico no alcanza para armar una arepa. Por eso est\u00e1 aqu\u00ed, en el parque de Huaquillas, rodeado de muchos como \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La plaza siente la<strong>\u00a0crisis de Venezuela<\/strong>\u00a0cada vez m\u00e1s: letreros pidiendo ayuda, s\u00e1banas improvisando colchones, s\u00faplicas que se repiten como eco macabro por todos los rincones: Colab\u00f3reme. No he comido\u009d, lleve sus bol\u00edvares de recuerdo\u009d, caramelo, caramelo\u009d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Luismar Dugarte y Yusaina Farf\u00e1n, en otro extremo del parque, lanzan otra s\u00faplica. Esta vez en un pedazo de pizarr\u00f3n blanco: Somos venezolanos, queremos trabajar\u009d. No pasan de 30. El tema est\u00e1 fuerte, reconoce Luismar, hay muchos y no se consigue una plaza f\u00e1cil. Por eso estamos durmiendo en veredas. As\u00ed llevamos siete d\u00edas\u009d, confiesa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se supone que la mayor\u00eda de venezolanos toma el pa\u00eds de paso, que se van a Per\u00fa, que all\u00e1 y en Chile tienen a sus familiares y amigos, que Ecuador es solo parte del camino. Pero eso cada vez se siente menos en el centro de Huaquillas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llenan veredas, bancas, v\u00edas principales. Unos se dedican al\u00a0<strong>comercio informal<\/strong>, otros a pedir dinero. Viven en la calle hace semanas y unos hasta han improvisado hogares en\u00a0<strong>solares abandonados<\/strong>. Vinicio Quezada, director de Comunicaci\u00f3n del Municipio de Huaquillas, admite a este Diario que hasta hace menos de un mes la afluencia de estos ciudadanos era transitoria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ingresaban por el<strong>\u00a0puente Rumichaca<\/strong>\u00a0y sal\u00edan de Ecuador a Per\u00fa; pero ahora se est\u00e1n quedando, ocupando los\u00a0<strong>espacios p\u00fablicos<\/strong>\u00a0y convirti\u00e9ndose en un problema de \u00edndole humanitaria\u009d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La mec\u00e1nica de los venezolanos sin techo en\u00a0<strong>Huaquillas<\/strong>\u00a0est\u00e1 casi que escrita en una gu\u00eda. Luismar y Yusania intentaron quedarse a dormir en el parque los primeros d\u00edas que arribaron. Ahora preferimos una vereda cerca del viejo hospital. Es menos fr\u00edo\u009d, describe la primera. Subsisten de la venta de caramelos. Cerca del parque, hay un ba\u00f1o que alquilan. Usar el retrete te cuesta 15 centavos y ducharte, 50. Como solo traemos un par de mudas a cuesta, no tenemos problemas. Se sobrevive\u009d, atina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa metodolog\u00eda se repite en cada migrante consultado. Ninguno habla de irse del pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De medio mill\u00f3n de venezolanos que han ingresado al pa\u00eds, al menos 80 mil decidieron quedarse. En Huaquillas la competencia entre ellos es fuerte. En cada esquina hay al menos tres j\u00f3venes limpiando parabrisas y los carameleros se multiplican.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Municipio restringe la actividad comercial en accesos a la iglesia cat\u00f3lica, centros m\u00e9dicos y \u00e1reas para discapacitados. Por ahora no hay mayor o prohibici\u00f3n con la venta informal. La polic\u00eda del Cabildo alcanza apenas a 25 efectivos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay un albergue en la cooperativa 8 de Septiembre que solo tiene capacidad para 60 personas. Hoy est\u00e1 cerrado. No abastecer\u00eda el n\u00famero de venezolanos que est\u00e1 en la calle actualmente, precisa el representante del alcalde, aunque reconoce que esa cifra se desconoce porque crece a diario. En otras emergencias hemos utilizado las escuelas, pero eso tambi\u00e9n es imposible, los ni\u00f1os est\u00e1n en clase\u009d, agrega.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este momento ya crece una nueva preocupaci\u00f3n en el gobierno local de Huaquillas. La necesidad y la falta de fuentes de\u00a0<strong>trabajo<\/strong>, cuando llega al extremo, genera actos contradictorios con la ley, como robos y aparici\u00f3n de bandas. Ya se han detectado casos. No son la constante, pero tememos registro de que aquello va en crecimiento\u009d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Un camino de llanto y nostalgia<\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.ecuadortimes.net\/es\/wp-content\/uploads\/2018\/08\/Otra-Venezuela-en-la-frontera_1_ecuadortimes_ecuadornews_3.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-198623\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde que el 8 de agosto Ecuador declar\u00f3 en emergencia migratoria las provincias lim\u00edtrofes con Per\u00fa y Colombia, por la masiva llegada de ciudadanos venezolanos al territorio, unos 4.200 ingresos al d\u00eda, se han improvisado corredores humanitarios en esos lugares.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El\u00a0<strong>Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana<\/strong>\u00a0del pa\u00eds precis\u00f3 que esta declaratoria rige en las provincias de Carchi (frontera con Colombia), Pichincha (centro andino, cuya capital es Quito), y El Oro (lim\u00edtrofe con Per\u00fa), para prestar urgente atenci\u00f3n a los flujos migratorios inusuales de ciudadanos venezolanos en la frontera norte\u009d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el Centro Binacional de Atenci\u00f3n en Frontera (Cebaf) de ese lugar llegan a diario migrantes, como Matilde Caldera. Tiene 33 a\u00f1os y dej\u00f3 a tres hijos de 15, 12 y 8 a cargo de un hermano de 22. All\u00e1 en Venezuela trabajaba en la agricultura o limpiaba casas, pero la situaci\u00f3n se hizo insostenible. Agarr\u00f3 maletas y sali\u00f3. El coraz\u00f3n partido, el norte es Trujillo. Debi\u00f3 llegar el s\u00e1bado anterior, a la cola, porque\u00a0<strong>plata<\/strong>\u00a0no hubo todo el camino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una carpa ofrece comida en el Cebaf. Un alivio para ella, que llevaba dos d\u00edas sin bocado. Bebi\u00f3 agua tambi\u00e9n. Casi nadie bebe agua en estas largas caminatas\u009d, cuenta a este Diario.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tiene raz\u00f3n, personal de la carpa improvisada del Ministerio de Salud confirm\u00f3 que desde que se apertur\u00f3 la atenci\u00f3n por la\u00a0<strong>emergencia<\/strong>, la mayor\u00eda llega con s\u00edntomas de deshidrataci\u00f3n. Hay cuadros peores. Beb\u00e9s que no han comido en d\u00edas por falta de leche de f\u00f3rmula a quienes sus padres los alimentaban solo con agua, o adultos mayores que no han seguido un tratamiento regular por la falta de medicina que sufre Venezuela. Todos con el sue\u00f1o de entrar a Chile o Per\u00fa, con la expectativa de mejorar su calidad de vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Cebaf se ha convertido estos d\u00edas en una especie de lugar de descanso que los migrantes agradecen. Sin embargo, el defensor del Pueblo de Huaquillas, Eduardo Astudillo, critic\u00f3 el hecho de que pese a la emergencia se cierre en horarios de oficina. La labor despu\u00e9s del decreto deber\u00eda ser permanente por lo menos durante agosto. Hay gente que llega en la madrugada y no encuentra atenci\u00f3n. Esa no es la idea\u009d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta declaratoria de emergencia, que estar\u00e1 vigente este mes, la coordina el Ministerio de Inclusi\u00f3n Econ\u00f3mica y Social (MIES) y tiene un presupuesto de 3\u0099778.194 d\u00f3lares.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la frontera se empezaba a sentir tambi\u00e9n la\u00a0<strong>desesperaci\u00f3n<\/strong>\u00a0por la exigencia del pasaporte. Muchos tienen c\u00e9dulas caducas o demasiado deterioradas. Otros ven imposible poder obtener el pasaporte. La medida rige desde ayer. (I)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br\/><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Fuente: <\/strong><a href=\"https:\/\/www.expreso.ec\/actualidad\/huaquillas-venezuela-migrantes-crisis-ecuador-EA2332431\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">https:\/\/www.expreso.ec\/actualidad\/huaquillas-venezuela-migrantes-crisis-ecuador-EA2332431<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mira el billete como un escultor frente a una pieza de yeso nueva. Empieza. Uno, dos&#8230; diez dobleces. Un conito del tama\u00f1o de un pulgar est\u00e1 listo. Toma otro billete y otro&#8230; y as\u00ed hasta tener cinco puntas armadas. La estrella, casi completa. A sus pies, una enorme maleta negra abierta muestra en sus entra\u00f1as una\u00a0colecci\u00f3n de bol\u00edvares. Cien, dos mil&#8230; da igual. All\u00ed hay menos de un d\u00f3lar\u009d, habla al fin. M\u00e1s all\u00e1 hay un cart\u00f3n de medio metro que suplica en letras negras: Soy de Venezuela, colab\u00f3rame\u009d. El origami es un arte que consiste en el plegado del papel para obtener figuras; pero en el parque central de Huaquillas es la \u00fanica esperanza de Enger Medina para llevarse algo al est\u00f3mago. Tiene brazos tatuados y una gorra de la bandera de su pa\u00eds, ojos pardos, piel reseca y cuatro a\u00f1os en la c\u00e1rcel, reci\u00e9n vividos, que le dejan huellas en el rostro a sus escasos 23. Antes de hacer origami con bol\u00edvares, fue ladr\u00f3n y secuestrador; pero esa vida qued\u00f3 en M\u00e9rida. All\u00e1 donde est\u00e1n su hija de a\u00f1o y medio y su promesa de cambiar para bien y hacer resurgir el hogar. Se hubiera quedado, pero ser alba\u00f1il, la nueva faceta que eligi\u00f3 despu\u00e9s de la prisi\u00f3n, no es negocio en un pa\u00eds en donde un sueldo b\u00e1sico no alcanza para armar una arepa. Por eso est\u00e1 aqu\u00ed, en el parque de Huaquillas, rodeado de muchos como \u00e9l. La plaza siente la\u00a0crisis de Venezuela\u00a0cada vez m\u00e1s: letreros pidiendo ayuda, s\u00e1banas improvisando colchones, s\u00faplicas que se repiten como eco macabro por todos los rincones: Colab\u00f3reme. No he comido\u009d, lleve sus bol\u00edvares de recuerdo\u009d, caramelo, caramelo\u009d. Luismar Dugarte y Yusaina Farf\u00e1n, en otro extremo del parque, lanzan otra s\u00faplica. Esta vez en un pedazo de pizarr\u00f3n blanco: Somos venezolanos, queremos trabajar\u009d. No pasan de 30. El tema est\u00e1 fuerte, reconoce Luismar, hay muchos y no se consigue una plaza f\u00e1cil. Por eso estamos durmiendo en veredas. As\u00ed llevamos siete d\u00edas\u009d, confiesa. Se supone que la mayor\u00eda de venezolanos toma el pa\u00eds de paso, que se van a Per\u00fa, que all\u00e1 y en Chile tienen a sus familiares y amigos, que Ecuador es solo parte del camino. Pero eso cada vez se siente menos en el centro de Huaquillas. Llenan veredas, bancas, v\u00edas principales. Unos se dedican al\u00a0comercio informal, otros a pedir dinero. Viven en la calle hace semanas y unos hasta han improvisado hogares en\u00a0solares abandonados. Vinicio Quezada, director de Comunicaci\u00f3n del Municipio de Huaquillas, admite a este Diario que hasta hace menos de un mes la afluencia de estos ciudadanos era transitoria. Ingresaban por el\u00a0puente Rumichaca\u00a0y sal\u00edan de Ecuador a Per\u00fa; pero ahora se est\u00e1n quedando, ocupando los\u00a0espacios p\u00fablicos\u00a0y convirti\u00e9ndose en un problema de \u00edndole humanitaria\u009d. La mec\u00e1nica de los venezolanos sin techo en\u00a0Huaquillas\u00a0est\u00e1 casi que escrita en una gu\u00eda. Luismar y Yusania intentaron quedarse a dormir en el parque los primeros d\u00edas que arribaron. Ahora preferimos una vereda cerca del viejo hospital. Es menos fr\u00edo\u009d, describe la primera. Subsisten de la venta de caramelos. Cerca del parque, hay un ba\u00f1o que alquilan. Usar el retrete te cuesta 15 centavos y ducharte, 50. Como solo traemos un par de mudas a cuesta, no tenemos problemas. Se sobrevive\u009d, atina. Esa metodolog\u00eda se repite en cada migrante consultado. Ninguno habla de irse del pa\u00eds. De medio mill\u00f3n de venezolanos que han ingresado al pa\u00eds, al menos 80 mil decidieron quedarse. En Huaquillas la competencia entre ellos es fuerte. En cada esquina hay al menos tres j\u00f3venes limpiando parabrisas y los carameleros se multiplican. El Municipio restringe la actividad comercial en accesos a la iglesia cat\u00f3lica, centros m\u00e9dicos y \u00e1reas para discapacitados. Por ahora no hay mayor o prohibici\u00f3n con la venta informal. La polic\u00eda del Cabildo alcanza apenas a 25 efectivos. Hay un albergue en la cooperativa 8 de Septiembre que solo tiene capacidad para 60 personas. Hoy est\u00e1 cerrado. No abastecer\u00eda el n\u00famero de venezolanos que est\u00e1 en la calle actualmente, precisa el representante del alcalde, aunque reconoce que esa cifra se desconoce porque crece a diario. En otras emergencias hemos utilizado las escuelas, pero eso tambi\u00e9n es imposible, los ni\u00f1os est\u00e1n en clase\u009d, agrega. En este momento ya crece una nueva preocupaci\u00f3n en el gobierno local de Huaquillas. La necesidad y la falta de fuentes de\u00a0trabajo, cuando llega al extremo, genera actos contradictorios con la ley, como robos y aparici\u00f3n de bandas. Ya se han detectado casos. No son la constante, pero tememos registro de que aquello va en crecimiento\u009d. Un camino de llanto y nostalgia Desde que el 8 de agosto Ecuador declar\u00f3 en emergencia migratoria las provincias lim\u00edtrofes con Per\u00fa y Colombia, por la masiva llegada de ciudadanos venezolanos al territorio, unos 4.200 ingresos al d\u00eda, se han improvisado corredores humanitarios en esos lugares. El\u00a0Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana\u00a0del pa\u00eds precis\u00f3 que esta declaratoria rige en las provincias de Carchi (frontera con Colombia), Pichincha (centro andino, cuya capital es Quito), y El Oro (lim\u00edtrofe con Per\u00fa), para prestar urgente atenci\u00f3n a los flujos migratorios inusuales de ciudadanos venezolanos en la frontera norte\u009d. En el Centro Binacional de Atenci\u00f3n en Frontera (Cebaf) de ese lugar llegan a diario migrantes, como Matilde Caldera. Tiene 33 a\u00f1os y dej\u00f3 a tres hijos de 15, 12 y 8 a cargo de un hermano de 22. All\u00e1 en Venezuela trabajaba en la agricultura o limpiaba casas, pero la situaci\u00f3n se hizo insostenible. Agarr\u00f3 maletas y sali\u00f3. El coraz\u00f3n partido, el norte es Trujillo. Debi\u00f3 llegar el s\u00e1bado anterior, a la cola, porque\u00a0plata\u00a0no hubo todo el camino. Una carpa ofrece comida en el Cebaf. Un alivio para ella, que llevaba dos d\u00edas sin bocado. Bebi\u00f3 agua tambi\u00e9n. Casi nadie bebe agua en estas largas caminatas\u009d, cuenta a este Diario. Tiene raz\u00f3n, personal de la carpa improvisada del Ministerio de Salud confirm\u00f3 que desde que se apertur\u00f3 la atenci\u00f3n por la\u00a0emergencia, la mayor\u00eda llega con s\u00edntomas de deshidrataci\u00f3n. Hay cuadros peores. 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