La calle 6 de marzo mantuvo la tradición del año viejo
En Guayaquil, Ecuador hay una tradición desde hace más de 50 años, cada 31 de Diciembre miles de familias salen a las calles a quemar a sus viejos. Niños, padres, y jóvenes ponen en la mitad de la calle a su monigote al cual han alimentado con explosivos como camaretas, silbadores pero también con agradecimientos o deseos para el año próximo.
A las 12:00 luego del abrazo familiar, de comer uvas, darle la vuelta a la manzana con la maleta, y apretar bien el billete de cien dólares, los años viejos se empiezan a quemar y los juegos pirotécnicos a explotar.
Para mantener la tradición de la quema de viejos los muñequeros de toda la ciudad trabajan desde Septiembre en la elaboración de monigotes de todos los personajes imaginables, desde el Presidente del Ecuador hasta de la galleta de jengibre de Shrek.
La 6 de Marzo es una de las calles más populares para la creación de monigotes, en este barrio se acumula la mayor cantidad de muñecos. Familias enteras han tomado como tradición crear años viejos para la venta de fin de año.
Los viejos son hechos con papel, cartón, almidón, pintura y laca, la mayor parte de los materiales son reciclados. El material más caro es la pintura y la laca, un muñeco de 1,80m se tarda tres días en construir y su precio puede variar entre $100 a $300, dependiendo del diseño.
Sin embargo, hay variados precios y tamaños porque lo importante es cumplir la tradición de quemar el viejo. Pequeños muñecos de 30 cm y muñecos de hasta tres metros se encuentran en la tradicional 6 de Marzo.
En las calles del sur de Guayaquil también hay un espectáculo que disfrutar, muñecos de 8 metros de altura son creados desde principios de mes por todo un barrio que trabaja en la elaboración del viejo gigante que en ocasiones viaja a Salinas para ser quemado. La elaboración de estos muñecos cuesta alrededor de $6000. Antes de la ordenanza municipal de no quemar monigotes en zonas regeneradas de la ciudad se creaban más cantidad de muñecos, dijeron los vendedores. Sin embargo, la tradición de quemar los sinsabores que el año pasado dejó es una tradición que no se resigna a morir en las cenizas de los últimos minutos del 31 de diciembre.





