Fasinarm: 45 años promoviendo el respeto a la diversidad en Ecuador
Por: Ma. Fernanda Soria @mafersoria
Cada día, miles de padres en todo el mundo reciben la noticia de que sus bebés nacieron con una discapacidad intelectual, uno de los casos más comunes es el síndrome de down. Las reacciones de los padres son diversas ante tal noticia sin embargo, desde ese momento ellos saben que la educación de un niño especial debe ser especial.
Hoy en día, ver a niños, jóvenes y adultos con discapacidad intelectual integrados en la sociedad es algo común; incluso han incursionado en la actuación y aparecen en revistas, en la pantalla grande y chica, como el personaje Becky en la serie de Fox Glee. Sin embargo, su inserción en la sociedad sigue siendo hoy una tarea ardua y de todos los días.
En Ecuador, por recientes disposiciones gubernamentales, existen instituciones educativas con programas de inclusión con áreas de atención psicopedagógica. Pero, los inicios de esta incansable labor de integración social de los niños, jóvenes y adultos con síndrome de down en Ecuador, se remontan a 1966 con la creación de un centro educativo llamado Fasinarm.
En 1966, la educadora Maria Gilbert de Babra junto con Martha Salvatierra de Velasco y Ana Gutiérrez de Garcés crearon el centro psicopedagógico que años después se convertiría en Fasinarm, una fundación sin fines de lucro que brinda apoyo a niños y jóvenes con discapacidades intelectuales y auditivas. Este Centro Educativo lucha por la eliminación de toda forma de discriminación contra estas personas y se esmera por lograr mejoras en la calidad de vida de sus estudiantes.
Esta fundación, que brinda servicios de psicología, terapia de lenguaje, terapia física y trabajo social, cuenta con tres programas de ayuda: la Unidad de Educación Inicial para niños de 0 a 5 años, la Unidad Básica Educativa para niños y jóvenes de entre 5 y 16 años y el CEVE (Centro de Entrenamiento Vocacional), que busca desarrollar la formación ocupacional e integración socio-laboral de las personas con discapacidades en la comunidad.
Aquí ingresan los jóvenes y adultos no para aprender un oficio, sino para formarse hábitos laborales a través de distintos talleres que siempre van a estar en relación a las habilidades que tengan, indica el Msc. David Vallet, coordinador técnico del centro educativo.
Al ser una institución sin fines de lucro, Fasinarm privilegia la educación de aquellas personas que se encuentran en mayor situación de desventaja socio-económica, financiando la educación de cerca del 94% de sus alumnos. Aquí hay alumnos becados con el 100%, tenemos la colaboración de trabajadores sociales que se encargan de hacer una evaluación a la familia que solicite la ayuda, dice Vallet.
Pero otorgar becas completas requiere de un presupuesto, es por eso que esta institución cuenta con un programa de consultas externas pagadas y un área de comercialización que ofrece al público productos como agendas, tarjetas y juguetes, esto sí es con fines de lucro porque de allí salen los fondos para autofinanciar la fundación, agrega.
El CEVE también contribuye a su autofinanciamiento, a través de la producción de talleres de artesanía, imprenta, costura, sub-contratos, huerto y jardinería, los que a su vez sirven como espacio de formación ocupacional de jóvenes y adultos con discapacidades, con el objetivo de lograr su inclusión socio-laboral.
Los alumnos no son los únicos que reciben apoyo a través de programas terapeúticos, Fasinarm también se preocupa por los padres, ellos pueden participar en los programas de orientación y de apoyo psicoemocional de la fundación, no solo se trata del niño o el jóven, hay muchos padres que necesitan un apoyo psicológigo y estos programas son para darles la oportunidad de compartir con otros padres que se encuentran en la misma situación, dice Vallet.
Nuestra finalidad es que los niños, jóvenes y adultos que acuden a nuestra fundación puedan integrarse sin problemas a situaciones sociales y laborales, pues lo único que los diferencia del resto de personas es que viven con una discapacidad, muchas personas los tratan como niños chiquitos cuando, por ejemplo, un chico de 15 años con síndrome de down tiene los mismos impulsos que cualquier otro, indica.
Fasinarm lleva hasta hoy 45 años promoviendo el respeto a la diversidad e igualdad de oportunidades en la comunidad ecuatoriana que, poco a poco, está empezando a reconocer el esfuerzo, el empeño y la alegría que estas personas ponen en la sociedad.







