Papa Juan Pablo II dejó huellas en Guayaquil

Papa Juan Pablo II durante la misa campal en Guayaquil
Guayaquil vivió de cerca la presencia de Juan Pablo II. Entre el 30 de enero y el 1 de febrero de 1985, el país recibió con fervor la visita del entonces papa Juan Pablo II. Procedente de Caracas (Venezuela), el ahora beato llegó a Quito al anochecer de aquel martes 30. Besó suelo ecuatoriano a las 18:09. Estuvo en Latacunga y Cuenca. Guayaquil lo acogió con fervor al anochecer del miércoles 31.
En sus 22 horas de estancia en la ciudad, el papa congregó a miles de católicos a las iglesias Nuestra Señora de la Alborada, en el norte, y Stella Maris, en el sur, además en el templete de Los Samanes, donde ofició la misa de beatificación de Mercedes de Jesús Molina, ante alrededor de 250 mil personas.
Los guayaquileños acogen con regocijo que Juan Pablo II podría ser declarado santo este mismo año, después de que un segundo milagro atribuido al papa polaco, de nombre Karol Wojtyla y fallecido el 2 de abril del 2005, a los 87 años, fue reconocido hace pocos días por el Vaticano y aquello supone una inminente canonización.
El padre Hugolino Cerasuolo, obispo emérito de Loja y párroco de San Antonio de Padua (ubicada en Urdesa), quien acompañó al pontífice en su visita al país, refiere que la presencia del papa como representante de Dios hizo que algunas personas de poca fe terminaran arrodilladas, llorando. Para él, Juan Pablo II es grandioso.





