En Ecuador, miles de refugiados duermen en carpas con tensión y miedo
Un par de potentes reflectores iluminan la fila de carpas de refugiados instaladas en la que era el área de desembarque del antiguo aeropuerto Reales Tamarindos, de Portoviejo. Bajo cada una hay hasta 40 personas acomodadas en colchones.
Hay niños, adultos, personas de la tercera edad. Cada uno tiene su historia de dolor, de susto, de incertidumbre, hasta de muerte y calamidad, a partir del terremoto de magnitud 7,8 que destruyó parte de Portoviejo, Manta, Pedernales y otras localidades manabitas y de Esmeraldas, que hasta la tarde de ayer dejaba 602 fallecidos.
Este campo de refugiados o evacuados es uno de los más grandes en la zona del desastre. Comenzó a poblarse el domingo, un día después del destructor terremoto. Ese día se armaron siete carpas con unos 200 evacuados, cuenta Gisela Zambrano, una de las coordinadoras del sitio. Ayer amaneció con 37 carpas y con 1.500 refugiados.
Ese aumento es atribuido a las réplicas del pasado sábado. Algunos evacuados dicen que cada movimiento hace que se vayan resquebrajando más las edificaciones cuarteadas. Otros residen junto a esas y temen que se les vengan encima.
Pero las réplicas también causan escenas de pánico, de gritos y desesperación. Así sucedió la noche del jueves, cuando se produjo el sismo de magnitud 6,3, seguido de otros dos de más de magnitud 5 (I).





