Sabatina 472: el presidente pasó una semana en zona de desastre y no entendió nada

Es el mensaje central de esta sabatina, la 472, que Rafael Correa arranca con un tono de voz apagado y triste que a los pocos minutos se le olvida. Esta sabatina de crisis, sin público, sin canciones, sin pantallas gigantes, sin megaestructuras portátiles, sin parafernalia, sin show, sin Secos Guerreros ni artistas invitados¦ Y, sin embargo, una sabatina como cualquier otra en la que el presidente no pierde la oportunidad de ajustar cuentas con sus enemigos, trapea el piso con Enrique Ayala y con Guillermo Lasso, dice somos más, muchísimos más, habla durante tres horas y media y despacha el acostumbrado resumen de actividades que en esta ocasión y por haber faltado los dos sábados anteriores incluye el anecdotario de tres semanas enteras: concentración de apoyo en la Plaza Grande, cumpleaños en Carondelet, estreno de película en Nueva York y Chicago, actividad académica en Roma, terremoto.
Todo está bajo control. Tanto, que el terremoto no es sino un tema entre los temas de la agenda presidencial: un día departes con tus pares en la Pontificia Academia de Ciencias Sociales en el Vaticano, al día siguiente caminas entre marginales que lo han perdido todo y amenazas (porque así debe ser, los que no han estado en zona de desastre no tienen la menor idea) con meter preso al que se queje. Así es la grandeza. (I)





