30-S: Dos Años de un hecho “raro”

Sublevación policial, 30-S
Difícilmente, por lo menos por ahora, poder determinar qué sucedió exactamente el 30 de septiembre del 2010, día en que el presidente de la República, Rafael Correa, tras conocer de la existencia de una revuelta policial se dirigió hasta el Regimiento Quito, y allí, luego de un encendido discurso, con gestos que incluyeron aflojar su corbata y en tono desafiante decir ¡Aquí estoy, si quieren mátenme!, permaneció por más de 10 horas en el hospital policial, y a su salida afirmar como hasta ahora- que fue víctima de un secuestro, que se intentó dar un golpe de Estado, pero que, finalmente, fue el día en que triunfo la democracia, porque el pueblo se volcó a las calles en defensa del gobierno constituido.
Sin embargo, así como la posición gubernamental desde entonces se ha mantenido inalterable, tanto en el sector político de oposición como en el de amplios sectores ciudadanos, el discurso es totalmente diferente. Cómo puede hablarse de secuestro, se dice, si durante todo el tiempo en que Rafael Correa permaneció en el recinto policial, siempre estuvo dando órdenes como Presidente; en qué instante, se pregunta, estuvo en peligro la democracia, si desde todos los sectores, incluido el de las FF.AA., se reiteró en la vigencia de la institucionalidad, lo que el día mismo del hecho (30-IX-10), fue confirmado por varios ministros de Estado.

Policías sublevados en el 30-S
Cierto que el 30-S, denominación que hoy pertenece en propiedad exclusiva del gobierno central para uso publicitario, gestión de negocios o administración comercial, hasta el 10 de mayo del 2022, fue un día aciago para el Ecuador, no solamente por la incertidumbre derivada de lo que la oposición califica como imprudente visita y actuación del primer mandatario en el cuartel policial, o por lo que el oficialismo entendió como una obligación presidencial, sino sobre todo por los 4 muertos y decenas de heridos y presos que dejó, para el gobierno, el rescate de Correa, para la otra parte una retirada con un precio muy alto, pasando por una ola de saqueos y actos delictivos, principalmente en Guayaquil, aprovechando la ausencia policial.
Aun cuando han transcurrido 24 meses de un hecho que, sin duda, dejó marcas imborrables en la mente de los ecuatorianos independientemente de su trascendencia internacional, donde tampoco han escapado las opiniones divergentes respecto del suceso y su realidad-, no hay certezas de nada, tanto que las investigaciones fiscales y judiciales, en la mayoría de los casos, han avanzado poco o nada. Mientras, las muertes de los policías Froilán Jiménez y Edwin Calderón, y de los militares Jacinto Cortez y Darwin Panchi, siguen siendo un misterio, no tienen culpables; no encuentran al autor o autores de los disparos.

Correa: “Aquí estoy mátenme!”
La rebelión policial, que contaminó a un grupo militar en la Base Aérea de Quito sin ninguna consecuencia mayor-, era la forma de protestar por la aprobación de la Ley de Servicio Público, vetada por el Ejecutivo, que les quitaba algunos beneficios económicos, compensaciones y diplomas. Pese a ello, la interpretación gubernamental fue distinta: hubo conspiración y el objetivo era la caída de Correa.
Por eso, el mayor retirado del ejército Fidel Araujo, ex dirigente de Sociedad Patriótica (SP), que fue detectado cerca del amotinamiento, fue acusado de haber sido instigador, por ello fue apresado, luego liberado y sigue la batalla judicial. Lo mismo acontece con el entonces Director del Hospital de Policía, Crnel. César Carrión, señalado como culpable del intento de magnicidio pero al que la justicia lo declaró 3 veces inocente, fue reintegrado a las filas policiales, pidió la baja no se la tramitan todavía ¿?- y se le han anunciado más medidas legales. También está en prisión, condenado a 3 años, el coronel Rolando Tapia, ex jefe de la Escolta Legislativa, acusado, junto a otros 5 policías de menor rango, de no haber dado protección a la Asamblea e incluso de haber impedido el ingreso de los legisladores gobiernistas. Cinco días después de la sublevación, la Asamblea declaró el estado de excepción hasta hoy en vigencia- y delegar la seguridad a las Fuerzas Armadas, rompiendo con una tradición reinante desde 1960, de que clases y oficiales de la Policía habrían de resguardar la sede legislativa.

30-S, la muerte de Froilán Jiménez
La prensa independiente (no del Estado), calificada por el régimen de actora política en este y otros casos, ha jugado su rol en el tema 30-S y sus defensores afirman que sin ella no se sabrían muchas cosas e inclusive pudiera haberse cometido alguna injusticia. De cualquier forma, un artículo publicado el 6 de febrero del 2011, en el diario El Universo, No a las mentiras, de autoría del entonces editor de opinión, Emilio Palacio, en el que decía. El Dictador debería recordar, por último, y esto es muy importante, que con el indulto, en el futuro, un nuevo presidente, quizás enemigo suyo, podría llevarlo ante una corte penal por haber ordenado fuego a discreción y sin previo aviso contra un hospital lleno de civiles y gente inocente. Los crímenes de lesa humanidad, que no lo olvide, no prescriben, derivó en un coletazo fenomenal: juicio al diario y al periodista; un juez que ordenó el pago de 40 millones de dólares al presidente Correa y la prisión de los directivos del matutino y de Palacio; un perdón sin olvido a las penas por parte del jefe de Estado; y, un asilo político de Palacio, aceptado por los Estados Unidos.
Del tema queda mucha tela por cortar y hasta mucha tinta por correr, más si no hay visos de cambios en los puntos de vista, radicalmente contrarios y que este 30 de septiembre, con seguridad, se re-que-te-confirman: el 30-S se intentó un golpe de Estado y romper con la democracia, pero el pueblo lo impidió, ratificará el gobierno; y, el 30-S no fue más que un show, montado por un mandatario que gusta mostrarse valiente y al mismo tiempo víctima, asegurarán los opositores, insistiendo en que jamás estuvo en peligro la democracia y pidiendo que los ecuatorianos, el país y el mundo, de una vez por todas conozcan la verdad. Por ahora parece, sin embargo, mucho pedir. ET





