Berlusconi podría abandonar su cargo por delitos de prostitución
El primer ministro italiano Silvio Berlusconi, a quien se le ha acusado de varios delitos de prostitución de menores y abuso de poder, ha sido descubierto por el Parlamento este lunes. Una comisión debe decidir el miércoles si autorizará a investigadores a irrumpir en el despacho de Berlusconi, en busca de evidencias.
Debido a la magnitud del escándalo, existe ahora la posibilidad de la renuncia de Berlusconi y las elecciones anticipadas. Un juicio paralelo ha empezado en los medios, que ya han comenzado a filtrar el contenido de los 389 folios de las actas y algunas conversaciones telefónicas.
“O estás dispuesta a todo, o si no coges un taxi y te vas”, una de las 15 jóvenes prostitutas interceptadas por la policía le dice al teléfono a una compañera. “Es alucinante, un puttanaio (una casa de prostitutas), no te puedes siquiera imaginar lo que pasa allí”, añade. “Los periódicos dicen mucho menos de la verdad incluso cuando lo masacran. Me pregunto cómo consigue trabajar al día siguiente”. La acusación tampoco recurre a juegos de palabras: “Un relevante número de mujeres jóvenes se ha prostituido con Silvio Berlusconi en sus casas, a cambio de pagos de dinero”, afirma el escrito del equipo dirigido por la prestigiosa fiscal Ilda Bocassini.
Karima El Maghoud, Ruby, una joven bailarina marroquí que estuvo al menos ocho veces en casa de Berlusconi, afirma mientras conversa con una amiga, que el primer ministro sabía muy bien que ella era menor de edad: “Voy a su casa desde que tengo 16 años, pero siempre lo he negado para salvaguardarlo”. La joven añade: “Me ha llamado (Berlusconi) diciéndome ‘Ruby, te doy todo el dinero que quieras, te pago, te hago de oro, pero lo importante es que escondas todo. No digas nada a nadie”.
A cambio de las prestaciones sexuales, las jóvenes recibían, según la acusación del ministerio público, dinero en metálico y la posibilidad de vivir gratis en varios apartamentos de un edificio de la urbanización Milano Due, construida por Berlusconi en los años setenta.
Fuente: El País





