Destruida infraestructura médica privada en un 90% tras el terremoto
Ãlvaro Párraga y Miguel Andrade son médicos cirujanos manabitas. Hoy lucen sin las batas blancas y con los zapatos empolvados, los rostros tensos y sin trabajar desde que el terremoto afectó a las clínicas privadas de su propiedad.
Párraga y su esposa, la doctora Merli Orellana, son dueños de la clínica Santa Margarita, de Portoviejo. Esperamos atender en 10 días, augura el médico, apoyado al pilar en el que está pegada la etiqueta de uso restringido con las observaciones: Fisuras parciales en paredes, Sin atención al público.
Su clínica está compuesta por dos edificios. La segunda edificación, con etiqueta roja, está muy destruida. Aquí funcionaban las terapias y consultas externas, explica Párraga y se abre paso entre el derrumbe para mostrar los tres equipos de costo millonario, que para su fortuna están intactos.
Aquí tenemos unos de los pocos resonadores magnéticos de Manabí, está en una cámara y no le pasó nada; también tenemos el tomógrafo y el angiógrafo (para tratar problemas cardiovasculares), que solo hay uno en Manta y otro aquí en Portoviejo; pero si alguien se infarta ahora hay que llevarlo a Guayaquil, con el riesgo de que no llegue a tiempo, expresa el propietario de esta clínica (I)





