Dos náufragos sonrientes

Imagen: El Universo
Los dos últimos ecuatorianos en enterarse que un terremoto había devastado al país y derribado sus casas arribaron el sábado por la noche a Guayaquil. Están felices. Muy felices, dicen. Más felices que nunca. Y, como el papa Juan Pablo II, besan la tierra.
Están felices por razones que no dejan sonriente a casi nadie: porque partieron de Pedernales, Manabí, el 2 de marzo de este año en busca de una buena faena de pesca que rindiese lo suficiente para las deudas, para la comida y para arreglar la moto averiada de Carlos Benítez, de 27 años, que había dejado en casa a sus hijas Liliana (8) y Yotzmari (6), para embarcarse en la lancha vieja de su amigo y vecino Jorge Mero (25) y el colombiano José Preciado (25). Y porque, dicen a Diario Expreso, no son pescadores de oficio, sí son gente de mar. (I)
Fuente: http://expreso.ec/actualidad/dos-naufragos-sonrientes-DA354063





