Ejecutan a recluso en Georgia
Troy Davis, un recluso afroamericano de 42 años condenado por matar al policía Mark MacPhail en 1989, recibió una inyección letal ayer en la penitenciaría de Jackson (Georgia) luego de que la máxima corte estadounidense decidió llevar a cabo la ejecución.
Decenas de personas protestan por la muerte de Davis y afirman que fue ejecutado innecesariamente ya que era inocente de los cargos de los que lo acusaban. Este caso está lleno de irregularidades ya que siete de los nueve testigos que lo acusaban se retractaron posteriormente, además no se pudo presentar el arma homicida en el juicio ni se hicieron pruebas de ADN.
Los abogados de Davis alegaron ante el Tribunal Superior del Condado Butts, donde se encuentra el centro de ejecuciones de Georgia, la defensa cuestiona la validez de las pruebas balísticas empleadas durante el juicio. “Le daremos al sistema judicial una oportunidad más para que evite un desastre legal, constitucional y moral”, declaró Brian Kammer, uno de los abogados.
La Unión Europea, Amnistía Internacional, El Vaticano y Francia pidieron ayer a EE UU que suspenda la ejecución de Davis. “Al ejecutar a un condenado sobre cuya culpabilidad existen serias dudas, se cometería un error irreparable”, afirmó el portavoz adjunto del Ministerio de Relaciones Exteriores francés, Romain Nadal. Tres congresistas demócratas también habían firmado una petición de última hora para detener la ejecución.





