El narcotráfico y la inseguridad dejan su marca en Esmeraldas
Tenía la corazonada de madre de que su primogénito Elkin, de 9 años, regresaría a casa asustado, hasta herido, pero con vida. Jéssica Nazareno, de 31 años, lo esperaba con ansias luego de que un agudo dolor en el vientre la tumbara a la cama alrededor de las 14:00 del 4 de marzo pasado al enterarse de que su hijo había desaparecido: El dolor de una madre presiente y yo dije mi hijo no está bien.
Y no lo estaba. El cadáver del menor apareció degollado y envuelto en un colchón a las 19:30 del mismo día que fue secuestrado. Estaba en el patio de una casa de madera cercana a la de cemento, de una planta, en la que vivía con sus padres y su hermano de 3 años, en Same, un puñado de viviendas que rodean a hoteles y departamentos para vacacionar al pie del mar en la parroquia Tonchigüe del cantón Atacames, en la provincia de Esmeraldas (I).





