Procesión de Jesús del Gran Poder se toma las calles de Quito
Ayer a las 11:00 miles de católicos llenaron las principales calles de Quito para participar en la tradicional procesión de Jesús del Gran Poder y recordaron el calvario del Señor previo a su muerte. Quince minutos después, las bandas de pueblo comenzaron a tocar su música y la procesión dio inicio.

Miles de quiteños participaron de la Procesión a lo largo de las calles principales de la capital
El paso de la romería, lento por la cantidad de gente, se enriquecía de la fe de los devotos y de los fieles, quienes lanzaron pétalos a la escultura de Jesús cargando una cruz, la cual salió al mediodía en hombros de policías para acoplarse a la procesión.
De la Iglesia de San Francisco también salieron cientos de personas vestidas con cucuruchos, otros ataviados como cristos y varias verónicas, que son mujeres vestidas con túnicas lilas y velos fúnebres.

Cucuruchos llevando cruces
En la procesión también se apreció a hombres descalzos, con cadenas en los pies y a otros cargando pesadas cruces de madera, mientras unos más llevaban en sus espaldas plantas con espinos en señal de penitencia, mientras niños, jóvenes y ancianos hacían oraciones y cantos religiosos.
La sola idea de cargar algo tan pesado hace que la gente tenga escalofríos, opina Marco Carrete, de 44 años. Pero para mí es un honor, yo lo hago por mi padre Dios, que tanto me ha dado y a quien tanto debo. Su cruz, que reposa en su casa durante el resto de año y es más grande que él, es fundamental para la procesión. Yo la llevo solo, no me gusta compartir mi carga. Estos son mis pecados y yo, cargando la cruz, pido perdón por ellos.

Marco Carrete lleva su pesada cruz
Patricio Granda, de 53 años, le gusta el camino que atraviesa la procesión. Ãl carga una de las cruces más pesadas. Tiene que costarle a uno. Yo lo hago para que me perdonen mis pecados. Le estoy mostrando a Dios mi sacrificio, dijo mientras subía la cruz a su lomo.
A las 12:15, la procesión llegaba a la Iglesia de La Basílica, uno de los puntos principales desde donde turistas y locales esperaban a los penitentes. Para ese entonces, Granda apenas podía hablar. Es una forma muy profunda de entrar en contacto con Jesús durante Semana Santa, compartió antes de perder el aliento una vez más.
Finalmente a las 14:00, Granda llegó a San Francisco con su último esfuerzo, retirándose la cruz de su hombro con una mirada de orgullo propio y de felicidad.
En la procesión, miles de fieles creyentes siguieron un duro camino, de casi tres kilómetros, hasta la calle Riofrío, para luego retornar a la Iglesia San Francisco.





