Quino celebra sus 81 años de vida
El caricaturista más icónico de Latinoamérica cumple 81 años, y lo recordamos con un pequeño recuento de su vida.
Hijo de inmigrantes españoles, Joaquín Salvador Lavado nació en Mendoza, Argentina durante la dictadura militar en 1932. Enseguida es apodado Quino, para diferenciarlo de su tío, el pintor y dibujante, Joaquín Tejón. Pero no fue hasta empezar la primaria que Quino se entera de su verdadero nombre, produciéndole severas confusiones que supo desfogarlas a través de su personaje Felipe.
A los 13 años fallece su madre y tres años después su padre. Una vez bachiller, Quino ingresa a la Escuela de Bellas Artes de Mendoza y su ambición más grande es la de publicar en la revista bonaerense Rico Tipo.
A los 17 años, Joaquín abandona la Escuela de Bellas Artes y se plantea ser un dibujante de historietas y humor. A los 18 logra vender su primer historia gráfica, llamaba Sedalina.
En 1953 Quino realiza el servicio militar asegurando haber sido una experiencia horrible. Sin embargo afirma que compartir su vida con muchachos de diferente extracción social le sirvió para empezar a dibujar algo distinto.
A los 20 años se instala en Buenos Aires. Publica su primera página de humor en el semanario “Esto es”. De ahí, le siguieron otros medios como “Vea y Lea”, “Leoplán”, “Damas y Damitas”, “TV Guía”, “Usted”, “Che”, “Panorama”, “Atlántida”, “Adán”, diario “Democracia”, entre otros. Incluso en “Rico Tipo”, la primera revista en que se había propuesto publicar.
Desde entonces y hasta la fecha, sus dibujos de humor se vienen publicando ininterrumpidamente en infinidad de diarios y revistas de América Latina y Europa, convirtiéndose en uno de los caricaturistas más influyentes del mundo.
Nace Mafalda:
Aunque no tuvo hijos biológicos, en 1964 nace Mafalda, una niña cuestionadora que se convierte en su personaje más famoso, cuyas historietas se siguen reproduciendo en diarios y revistas del mundo en distintos idiomas, con éxito en ventas en América Latina y Europa.
En 1972, diez años después de publicaciones continuas, Quino decidió no volver a dibujarlo, debido a las constantes presiones por el ritmo que le imponían las tiras diarias.







