Viacrucis revive la fe de los feligreses
Bryan Espinoza, de 23 años, recuerda haber asistido desde su niñez a la iglesia Nuestra Señora de Czestochowa, una parroquia a la cual le ha tomado afecto y en la que, en esta época, se ve reflejado en la actividad que realiza junto a otros jóvenes, dramatizando los últimos momentos de la vida de Jesús, en el viacrucis viviente que se organiza en la ciudadela Comegua desde hace cuatro años.
Por su parte, Marcelo Benavides, de 38 años, colabora de manera entusiasta con su comunidad a pesar de tener una discapacidad física. Desde hace varias semanas dedica su tiempo libre a afinar detalles con el grupo que escenificará el viacrucis viviente en la parroquia San Vicente de Paúl de Cisne II, en el suroeste de la ciudad de Guayaquil.
Daniel Montero, es un feligrés de 39 años y padece de una osteomielitis crónica, por lo que fue operado en varias ocasiones. Pese a esto participó junto a Benavides por muchos años en la representación de Cisne II dirigiendo a sus compañeros.
Este año se encargará de la misma tarea, pero ahora en la parroquia Nuestra Señora de Montebello, en el barrio que lleva el mismo nombre.
Montero indica que el momento más impactante de la procesión es cuando María recibe a Jesús al bajarlo de la cruz. Es un momento sublime el representar a aquella María que trajo con amor al hijo de Dios, recibirlo muerto en sus brazos, es un dolor que llega al corazón de las personas, afirma.
Lo hago porque le quiero dar a Dios lo que él me ha dado a mí: la vida. El año pasado logré recuperarme de las cirugías que me hicieron, dice Montero quien el próximo viernes recorrerá Montebello y Cisne II.






