Yachay, la punta del iceberg
Por Mónica Mancero para Gkillcity.com
El lastimoso escándalo que en esta semana ha desatado la entrevista del ex rector de la Universidad Yachay no es sino la confirmación de aquello que varios actores académicos ya habían advertido: un proyecto concebido sin suficiente fundamento, sin anclas en los pequeños nichos de lo que tenemos en ciencia y tecnología, y que responde a un modelo de educación superior centralizado y autoritario.
El hecho de que algo más de 600 estudiantes estén cursando apenas nivelación hasta primeros años de pregrado en una universidad que pretende constituirse en la vanguardia del conocimiento, es algo que en muchos sectores de la academia ecuatoriana no entendemos. Pasará por ser el curso de nivelación y pregrado más caro de la historia de este país. El financiamiento que reciben es escandalosamente alto e inequitativo, si comparamos con otras universidades públicas, a las que apenas les alcanzan los recursos para poder costear a decenas de miles de estudiantes en sus abarrotadas aulas.
El ex rector de la Universidad ha puesto en evidencia irregularidades en consultorías innecesarias, en contratos jugosos de quienes no residían en el país, y como respuesta ha recibido amenazas de levantar juicios por difamación.
Todo esto da cuenta de dos cosas: un modelo centralizado y la inoperancia en la gestión del tema de educación superior. Esta inoperancia se provoca por estar a cargo de profesionales improvisados sin experiencia mínima en gestión académica; sin conocimiento de la realidad de la educación superior en nuestro país; y, con pretensiones de tener el monopolio de la verdad, lo que ha llevado a cerrar todo diálogo con la comunidad universitaria ecuatoriana. La Secretaría de Educación Superior SENESCYT es corresponsable del desastre de Yachay.
Mi opinión es que Yachay es la punta del iceberg de una compleja situación de un modelo de educación superior poco democrático y vertical, que pese a la inversión de importantes recursos en becas, en universidades emblemáticas, en el intento de fundamentarse en conocimiento y tecnología, ha terminado erigiendo un modelo autoritario.
Un análisis comparado de los sistemas de dirección universitaria en AL evidencia que el sistema ecuatoriano se distingue como aquel en el que el gobierno retiene mayor autoridad y competencia, puesto que controla el sistema de ingreso a las universidades; los contenidos curriculares de la etapa de nivelación; los programas de becas para la movilidad académica; ha creado nuevas universidades bajo su estricta vigilancia; e incluso controla los órganos de gobierno y de acreditación universitarios. Este modelo pone de manifiesto que el minucioso seguimiento administrativo y presupuestario que el Estado hace sobre las universidades termina limitando seriamente su autonomía académica. En consecuencia, la diversidad ideológica y el pluralismo académico y político universitario están amenazados.





